¿Cómo poner límites en tu vida?

by | Jul 4, 2025 | Definiendo mis límites

Decir ‘sí’ a todo puede costarte más de lo que imaginas…

El “no” que le costó a Abraham

Cuando Dios llamó a Abraham (Génesis 12), nunca le pidió que llevara a Lot.

Sin embargo, Abraham decidió hacerlo, y más adelante enfrentó conflictos que pudo haber evitado si simplemente hubiera dicho: “No, tú no puedes venir conmigo”.

Muchas veces, como Abraham, cargamos con personas o situaciones por no saber decir “no”, y eso nos agota.

Abraham ya tenía bastante con lo que lidiar: la esterilidad de su esposa, su peregrinaje, una fe en formación y un propósito divino que requería toda su atención.

Lot fue la consecuencia de un “no” no dicho a tiempo.

Incluso los grandes personajes de la Biblia cometieron errores. Pero eso nos recuerda que Dios no busca perfección, sino corazones dispuestos.

Abraham, Moisés, David… todos fallaron, pero Dios los usó, los transformó y los convirtió en ejemplo de cómo Él sigue obrando en nuestras vidas a pesar de nuestras debilidades.

El “sí” que me costó a mí

Al igual que Abraham, Dios me llamó a salir de mi casa en el 2022, un “sí” que no me costó tanto decir. En esa temporada de mi vida Dios quería revelar mi verdadera identidad.

Quería que yo estuviera en solitud para poder conocer su presencia a fondo. Con ahorros en la cuenta y todo preparado con meses de antelación, tomé mi camino hacia mi temporada de preparación.

En esa temporada, yo tenía un LOT cerca, pero ese Lot estaba vestido de cristiandad y generosidad: un amigo que pensé que Dios me había mandado.

Le dije que sí a muchas cosas que ese Lot me pedía. Había comportamientos que no entendía, y hablaba tanto que no me daba cuenta de que con sus palabras me decía todo lo que yo debía saber si hubiera puesto atención.

Con el tiempo me di cuenta de cosas que pasaban en lo espiritual. En vez de orar más, oraba menos y mi vida espiritual disminuyó.

Cuando me di cuenta, supe que él era homosexual, hacía brujería, mentía por todo y estaba enamorado de su mejor amigo, que en ese momento me pretendía.

Mi “sí” me costó mi salud mental, mi proceso y claridad en lo espiritual. En ese año se me cerraron muchas puertas y oportunidades para las que Dios me estaba preparando.

¿Cómo no cometo los mismos errores?

Entiende cuáles son tus límites

Si no entiendes cuáles son tus límites, estarás batallando con esas faltas toda tu vida. El tener o no tener límites es una batalla del día a día, una batalla con las emociones que generan y con tus relaciones interpersonales.

Todos tenemos límites y “no negociables”, aunque no los llamemos así. Hay cosas que no nos gustan, y el cuerpo te lo revela si sabes escuchar.

¿Pero no crees que es mejor batallar al poner límites y saber que te respetas, que no tenerlos y dejar que tus sentimientos tomen control de ti?

Tu entorno

Yo vine de una casa en la que no había reciprocidad de límites. Por alguna razón mi “no” era cuestionado y hasta penalizado, pero el “no” de mi familia era definitivo.

Eso generó mucho resentimiento e inseguridad en mí, y con ello vino la ira.

Eso afectó –no solo a mi entorno familiar– sino también a otras áreas de mi vida. Yo veía a las personas con un lente de dolor porque entendía que ellas me generaban emociones negativas.

Tu entorno tiene MUCHO que ver con tus límites, porque afecta tus emociones.

Ejemplo: si estás rodeada de personas que no tienen límites, estarás batallando con esas personas siempre. Sus quejas sobre tus límites y sus inseguridades se harán notar en frases como:

  • “Ella es muy rígida.” 
  • “¡Tienes un carácter fuerte!” 
  • “Eres muy limitante.” 

El victimismo constante y los comentarios negativos estarán siempre presentes.

Si puedes alejarte de ese entorno, entonces aléjate. Por lo menos por un tiempo, hasta que aprendas a poner límites.

Si no, entonces trata de cortar conexión con esas personas lo más que puedas. Habrá quienes se quejen de tus límites, pero con el tiempo serán flexibles y, por el amor que te tienen, comenzarán a respetarlos. Otros no lo harán.

Mientras estés aprendiendo a poner límites, quizás seas muy rígida al principio y tengas muchas dudas de si lo estás haciendo bien o no.

Yo tuve que aprender que mi “no” no me iba a traer desgracias, sino respeto y amor de quienes sí me amaban y valoraban.

Tus emociones te lo dirán

Arriba hablé de cómo tus emociones te hablan cuando se traspasan tus límites. Tales emociones te dirán cuáles son tus límites, si pones atención.

Por ejemplo (extremo): si una amiga te pide que robes algo por ella y tú le dices que “no”, pero ella insiste, tu cuerpo comienza a sentirse culpable, disgustado, intranquilo y tu corazón palpita muy rápido.

Esa es una señal de que tu cuerpo te está diciendo que pongas límites porque eso que esa persona te pide no se alinea con tus valores. 

Ejemplo de límites en dos extremos

A veces todos confían en ti y te buscan para todo. Al principio se siente bien, pero con el tiempo descubres que estás diciendo “sí” a cosas que no quieres o no puedes hacer, descuidando tus propias prioridades.

Eso me pasaba. Me costaba decir “no” por miedo a no ser querida o aceptada. Para cambiarlo, empecé a organizar mis días con mis tareas primero. Si tenía tiempo y ganas, ayudaba. Si no, decía:

  • “Hoy no puedo, tengo agenda llena.” 
  • “No me siento cómoda haciendo eso, lo siento.” 

¿Te cuesta poner límites? Aquí dos enfoques según el caso:

  1. Si eres muy permisiva:
    Mira hacia adentro y pregúntate:
  • ¿Dónde me cuesta poner límites y por qué? 

Esto te dará claridad sobre qué límites necesitas establecer y qué consecuencias habrá si alguien los rompe.

Ejemplo:
“Hoy no puedo ayudarte, pero puedo hacerlo en otro momento.”
Y si insisten:
“Necesito que respetes esto. Si sigues insistiendo, tendré que alejarme.”

Si no respetan tus límites, mantén distancia y aprende a decir “no” con firmeza. Recuerda: otros opinarán sobre tus límites, pero eso no debe impedirte mantenerlos.

  1. Si eres muy rígida o agresiva:
    La agresividad al poner límites aísla. Pregúntate por qué necesitas ser tan dura. Ser asertiva no es ser agresiva.
  • Comunica tus límites con claridad y respeto. 
  • Sé firme, pero empática. 
  • Aplica consecuencias cuando no te respetan. 

Y no olvides: respeta los límites de los demás. Si algo te molesta cuando alguien te pone un límite, reflexiona por qué. Eso también es parte del crecimiento.

 

¡Nos vemos en la próxima!

0 Comentarios

0 Comments