¿Y si el problema no es que digas ‘sí’ demasiado, sino que nunca te preguntaste si podías decir ‘no’?
La percepción común
A simple vista pensamos que los límites es decir “No” con firmeza y ya. Tendemos a verlo como algo negativo que solo podemos manejar si somos súper conscientes de ello.
Vemos los límites como una espada de doble filo que cuando la usamos termina hiriendo a otros y cuando no la usamos, nos hiere a nosotras.
Ese sentimiento es agridulce, porque cuando nos encontramos con alguien que sabe poner límites, solemos pensar que tiene un temperamento fuerte.
Sin embargo, hay una parte dentro de nosotras que la admira, porque en el fondo sabemos que está haciendo lo correcto, aunque no siempre se le reconozca por ello.
Sabemos que la mayor satisfacción de no tener límites es que se nos alaba por la falta de tal:
- “Wow qué buena eres”
- “Wow tú nunca dices que no, me encanta”
- “Eres tan buena, siempre estás para los demás”
Entendemos que las personas que establecen límites viven más felices y satisfechas, aun así desconocemos cómo establecer tales límites nosotras mismas.
Tales trazan líneas emocionales que nos mantienen en conexiones sanas. Son semáforos, intersecciones; señales, que sirven para protegernos y proteger a otros de cualquier tipo de accidentes emocionales.
Así como en cada ciudad tienen sus leyes y sus barreras de tráfico, los límites de cada persona es diferente.
Tu tiempo, mi agenda
Durante muchos años, dije “sí” a todo lo que me pedían. Mi agenda se llenaba de compromisos que, con el tiempo, entendí que no eran realmente míos.
Me encontraba haciendo cosas que no quería, pero no sabía cómo decir que no o como decir “ahora no; hasta este tiempo puedo; no me gusta esa idea”.
Llegó un punto en que mi agenda estaba tan llena, que necesitaba clonarme para cumplir con todo.
Me sentía culpable y explicaba cada detalle de lo que iba a hacer en ese momento que la persona me necesitaba; solo para excusar que MI tiempo ya estaba tomado por otra actividad, que tampoco era mía.
Tenía miedo de que, al hacerlo, me rechazaran, dejará de ser importante para los demás o perdiera el amor de la persona.
Decir ‘no’ no existía en mi vocabulario, y esa ausencia de límites me hacía sentir abrumada, frustrada y perdida.
En el ahora, entiendo que los límites son como una escoba que barre lo que no viene de Dios, lo que estorba en nuestro corazón y en nuestra vida.
En el camino encontraremos personas que no saben poner límites o que los imponen de manera tan rígida que terminan irrespetando los nuestros, esas personas tienden a exigir que se les respete sus límites y aun así, desean relaciones sanas.
Están las que peor aún, no respetan nuestros “barreras emocionales” y llaman a otros débiles porque no les gustan que le pongan límites… no seas estas personas.
Pero lo cierto es que estas barreras, cuando son sanos y se aplican con amor y claridad, nos liberan. Limpian el terreno para mantener a personas con quienes podamos caminar en armonía, sin tener que pisar con cuidado como si estuviéramos sobre cáscaras de huevo.
Personas con quienes podamos simplemente SER. Poner límites nos ayuda a estar mejor emocionalmente, a llevarnos bien con los demás y a enfocarnos en los nuevos hábitos que queremos construir.
Esta semana, di un “no” consciente a algo que sabes que te roba paz. Escríbelo y ora para que Dios te dé la sabiduría de sostenerlo con amor.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.”
—Proverbios 4:23
Preguntas de autorreflexión
- ¿Qué tanto he permitido que otros manejen mi tiempo y mi paz?
- ¿He creído que poner límites es ser egoísta?
- ¿Qué áreas de mi vida necesitan un nuevo semáforo emocional?
“Poner límites no es cerrar el corazón, es proteger el propósito que Dios plantó en ti.”
¡Nos vemos en la próxima!

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