A veces construimos muros pensando que son límites, pero terminamos aislándonos del amor que pedimos.
Los Extremos de los Límites: ¿Amor propio o egoísmo?
Para poner límites debemos estar sanos o trabajar en estar lo más sanas posible — ya que cuando estamos heridas, podemos llegar a los extremos de limitar a todos por miedo a ser más heridas — en vez de cuidarnos para mantener lo que ya hemos sanado o lo que está sano.
Esta es la diferencia entre capas de protección que no te permiten sentir y proteger tu corazón; de esconderte en la herida y permitir que Dios te sane y proteger tu sanidad.
¿Tienes muchos límites o pocos límites?
¿Qué es tener muchos límites?
A lo largo del ministerio de Jesús vemos que los fariseos establecieron límites exagerados. Durante siglos ellos implantaron leyes que ellos mismos no seguían.
Entonces, ¿Qué determina que tengo límites sanos o que exagero con mis límites?
Lo que determina que tenemos límites sanos es que tus límites honran a Dios y al propósito que Él te ha confiado.
No es que los límites honren a tu versión sana, ni a la mejor versión de ti, es que honre a la versión original que Dios creó en ti.
Decir sí a todo y permitir que las personas nos muevan de un lado al otro no es ser como Jesús. Jesús lo mostró cuando fue llevado al desierto y fue tentado por el enemigo.
Todos estamos aquí cumpliendo los propósitos de Dios o los propósitos personales, pero es tu trabajo entender que nadie va a poner límites por ti.
Estamos todos en una jornada personal y cada uno está responsabilizado por lo que hace y no hace.
No es tener límites exagerados que tú misma no puedas cumplir. Los límites que honran a Dios son límites que derivan de la identidad de una hija de Dios, vienen naturalmente de una identidad ya definida y aprobada por Jesús.
Cuando protegerte se convierte en una barrera para conectar
Hay límites que son tan inalcanzables que te alejan de otros, para no crear relaciones más profundas o estables.
Estos límites te separan emocionalmente de otros seres humanos. La razón por la que alguien pueda poner estos tipos de límites es para no seguir constantemente estableciendo límites a la hora de relacionarse con otros en el día a día.
Esos límites:
- Límites establecidos desde el aprendizaje y el amor propio.
- Límites establecidos desde el trauma y las capas de protección a las que te sometes.
Ejemplo: Limitas a las personas a través de cuánto tiempo pueden comunicarse contigo, cómo te hablan, cuándo te pueden hablar o cómo se tienen que comunicar contigo.
Eso hace que las personas sientan que no pueden ser ellos alrededor de ti, y que tú sientas que tienes algún tipo de control sobre los demás.
Pero la verdad es que el miedo a que te falten el respeto hace que generes límites inalcanzables que te alejan de poder socializar con otras personas.
Yo estuve ahí, entiendo perfectamente, y es que emocionalmente nos podemos cansar de ser heridas.
Este miedo puede venir de algún trauma en alguna área de tu vida. Es bueno analizarte y ver en dónde se plantó la semilla de esos miedos y cómo puedes superar esto para que puedas establecer límites saludables que te permitan socializar con otros.
Muchas personas que ponen estos límites tan severos sienten que esto es amor propio, pero la verdad no lo es — o por lo menos no es el amor propio sano.
Esto hace que te pierdas de la dicha de conocer otros seres humanos sanos y estables, pero imperfectos, que están dispuestos a respetarte, amarte y sobre todo, respetar tus límites.
“Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.”
—2 Timoteo 1:7 (RVR1960)
Identifica una muralla que has levantado por miedo. ¿Podrías reemplazarla por un límite sano y dialogado?
Preguntas de reflexión:
- ¿Estoy poniendo límites desde el amor propio o desde el miedo a ser herida?
- ¿Mis límites me acercan o aíslan de relaciones saludables y profundas?
- ¿Qué heridas o experiencias pasadas podrían estar influyendo en los límites que hoy pongo?
¡Nos vemos en la próxima!

0 Comments