La obediencia es más importante que la preparación humana
“Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto.”
Estoy segura de que el Señor me llamó, pero no sé cómo comenzar. Dios me dio el llamado de abrir un salón, pero ni siquiera tengo los recursos para hacerlo.
Ahora te pregunto: ¿Qué hay en tus manos que el Señor ya te dio? Y antes de que me digas que no tienes nada, quiero recordarte que sí tienes algo: tienes tus manos y tu boca. A veces, el mayor obstáculo para lograr algo somos nosotras mismas (y créeme, me estoy predicando a mí misma).
Nos detenemos a mirar lo que otros han logrado, no para motivarnos, sino para desanimarnos. Y si realmente lo hacemos con la intención de inspirarnos, debemos cuidar nuestro corazón para no caer en la trampa de la comparación o, peor aún, en la envidia.
“Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.”
Cuando Dios nos llama, nuestra reacción natural como seres humanos es enfocarnos en todo lo que está mal y en lo que nos falta. Es como si nuestra mente se bloquea, olvidando que Dios conoce cada detalle de nuestra vida. Nos presentamos ante Él con excusas y miedos, como si Él no supiera quiénes somos y de qué somos capaces.
Pero Dios es un Dios de propósito y fe. Su forma de vernos y nuestra ceguera espiritual no coinciden, por eso, en el proceso de alcanzar Su promesa, lo primero que hace es abrir nuestros ojos espirituales (Lucas 4:18-19)
La promesa que Dios nos da es una revelación de todo lo que Él quiere hacer en y a través de nosotras. Nos permite ver esa pequeña luz al final del túnel para que avancemos con fe y esperanza, confiando en que Su plan es perfecto.
Dios no llama a los preparados, sino que prepara a los llamados
No es solo la preparación lo que nos capacita para hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer. La preparación es un complemento valioso, pero no es el factor determinante.
Lo que realmente importa es nuestra disposición, nuestro deseo de crecer, de capacitarnos, de mejorar y, sobre todo, de hacer la voluntad de Dios. Es esa actitud la que hace que Dios confíe en nuestras manos lo que Él ya ha depositado en nosotros.
A veces miramos nuestras vidas y pensamos que no tenemos lo suficiente para que Dios nos use. Nos repetimos frases como:
- “Si tan solo tuviera estos recursos…”
- “Si tan solo hubiera nacido en otra familia…”
- “Si tan solo tuviera esta habilidad…”
Pero la realidad es que hay personas con menos de lo que tenemos que han logrado mucho más. Yo misma pensaba así hace unos años:
“Si Dios me hubiera dado una familia diferente, mejores recursos, más facilidad para escribir y hablar… ¡WOW qué diferente habría sido mi vida!”
Sin darme cuenta, estaba cayendo en una mentalidad de víctima. Estaba menospreciando lo que Dios ya había puesto en mis manos, viéndolo como insuficiente. En otras palabras, con mi actitud le estaba diciendo a Dios: “Lo que me has dado y lo que has hecho en mí no es suficiente.”
Muchas de nosotras nos sentimos así y hasta nos quejamos con Dios por ello. Pero esa visión está nublada. No alcanzamos a ver el valor y el propósito de lo que Dios ya nos ha dado.
Creemos que nuestros dones y talentos son comunes o sin importancia, cuando en realidad son herramientas poderosas en las manos de Dios.
No tienes que sentirte lista para hacer lo que Dios ha puesto en tus manos, somete tus emociones y pensamientos a la obediencia de Cristo y pídele que te revele lo que si tienes en tus manos para comenzar.
El miedo a no estar lista es una estrategia del enemigo
Todo esto es para beneficio de ustedes, y a medida que la gracia de Dios alcance a más y más personas, habrá abundante acción de gracias, y Dios recibirá más y más gloria.
-2 corintios 4:15
Todo lo que es bueno, y aun aquello que parece inalcanzable para nuestras fuerzas humanas, viene de Dios cuando se obtiene sin comprometer nuestra paz ni nuestra santidad.
Mientras más tiempo tomó para reconocer el favor en mi vida en las áreas en la que Dios me ha puesto, más tiempo alargó para que el propósito de Dios se haga realidad en mi vida.
El enemigo nos engaña con mentiras, su lugar favorito para distraernos es nuestra mente y son mentiras que con la palabra de Dios podemos derribarlas.
Mentiras del enemigo — Versículos bíblicos que los contraataca:
- No puedo hacerlo — Filipenses 4:13-15
- No soy suficiente — 2 Corintios 12:9
- No tengo los recursos — Filipenses 4:19
- No soy lo suficientemente buena — Efesios 2:10
- No tengo tanta experiencia — Jeremías 1:7-8
- Soy (connotaciones negativas) tonta, fea, etc. — Salmos 139:14
Haz un enlistado de las mentiras que por años han invadido en tu mente y busca en la biblia versículos bíblicos que las derriben, te aseguro que encontrarás versículos porque el enemigo siempre estará tratando de matar lo que Dios ha dado vida en nosotros.
El temor es una trampa para paralizarte, pero Dios ya te ha dado lo que necesitas.
Confía en la provisión de Dios, no en tu capacidad
Explicarlo de otra manera solo lo complicaría más. Cuanto más tiempo pasaba sin escribir estos artículos, dudando de lo que Dios había depositado en mí y quejándome, más tristeza sentía, más lejos me veía de su propósito y más se alargaba el cumplimiento de lo que Él quería hacer a través de mí.
Si yo no avanzaba, Dios levantaría a otra persona y le daría la misma herramienta para cumplir aquello que me había encomendado. La única que perdía era yo. Mi miedo no era otra cosa que una falta de identidad, la comparación de mis defectos con las virtudes de otros, poniéndome a mí misma en desventaja.
Quejas, inseguridad, baja autoestima, miedo al qué dirán, autosabotaje, perfeccionismo y muchas otras barreras fueron derrumbadas en la presencia de Dios, con su Palabra y con la guía del Espíritu Santo.
Dios siempre nos llama a algo que nos transforme y nos lleve más allá de nuestra zona de confort. Ese proceso trae incomodidad y desafíos, pero siempre valdrá la pena.
Lo que sientes es solo eso, un sentimiento. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. Pablo lo expresa de manera clara: Debemos llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo.
Para hacer la voluntad de Dios y caminar como hijas suyas en esta tierra, nuestro ser interno debe estar siempre conectado con Él.
Preguntas de autorreflexión
- ¿Qué dones o recursos ya tengo en mis manos que estoy menospreciando?
- ¿Estoy permitiendo que el miedo y la comparación me detengan en lugar de confiar en Dios?
- ¿Qué mentira he creído sobre mí misma que necesito reemplazar con la verdad de la Palabra de Dios?
¡Nos vemos en la próxima!
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