Un llamado sin respuesta
Me ha pasado más de lo que te imaginas, que Dios me ha llamado a hacer algo para expandir su reino y siento que no puedo hacerlo… Y es que en realidad con nuestras propias fuerzas no podemos hacerlo.
Necesitamos a Dios, para absolutamente todo, por eso lo primordial es establecer una relación con Dios en donde puedas conocer su voz y seguirla.
Sientes que Dios te llamó a hacer algo (escribir un libro, hacer un YouTube, etc.) entonces, eso significa que hay una parte que te toca a ti en esa promesa.
Nuestro dilema como sociedad cristiana de hoy en día es que Dios nos da una palabra (misión/propósito/promesa) y mayormente nos sentamos a esperar que esa palabra se concrete sola o peor aún que Dios haga todo por nosotros mientras el tiempo pasa y no nos movemos a dar pasos de fe.
“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”
En la Biblia nos habla de ser diligentes mientras esperamos en él.
Muchas veces podemos inconscientemente sacar versículos bíblicos fuera de contexto, por ejemplo:
Salmos 27:14 “Espera con paciencia al Señor; sé valiente y esforzado; sí, espera al Señor con paciencia” Vemos este versículo como una espera pasiva, cuando esta espera se trata de una espera activa como lo indica Santiago.
Aun en los versículos más arriba, en el Salmo 27:11 el salmista dice “Enséñame cómo vivir, oh Señor. Guíame por el camino correcto, porque mis enemigos me esperan.”
Para que el señor te enseñe a vivir y guíe tus pasos tienes que comenzar a caminar. Dios nunca guía los pasos de alguien que no se mueve, al contrario, los proverbios llama a tales personas “perezosos” y les llama la atención diciéndole cuál sería el resultado de su pereza.
Si Dios te dijo que serás una escritora y no te sientas a escribir nunca o si no tienes experiencia escribiendo y no tomas clases, entonces Dios no bajará del cielo hacerlo por ti.
(Ya Dios bajó una vez a hacer su propósito en la tierra como humano y nos modeló como ser hijas de él.)
“Él respondió: ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar ocupado en los asuntos de mi Padre?”
Desviando el propósito de Dios
Hay otra faceta del cristianismo en la que Dios nos da una promesa, pero en lugar de seguir su dirección, nos dedicamos a hacer todo menos aquello que Él nos indicó.
Por ejemplo, si Dios te dijo: “Serás escritora”, pero decides hacer un pódcast para Dios… ¿Acaso él te mandó a hacer un pódcast? ¿Es parte de su propósito para ti?
Muchas veces, lo que consideramos una buena idea puede convertirse en una distracción del propósito original de Dios para nuestras vidas o en un intento humano de alcanzar por nuestros propios medios la promesa que Él nos ha dado.
Un ejemplo de esto es el rey Saúl. En 1 Samuel 13:8-14, en lugar de esperar al profeta Samuel como Dios había ordenado, Saúl tomó la decisión de ofrecer el sacrificio él mismo, creyendo que era lo correcto. Sin embargo, su desobediencia le costó el favor de Dios y su reinado.
Otro ejemplo es Sara. En Génesis 16, en lugar de confiar en la promesa de Dios de darle un hijo, decidió ofrecer a su sierva Agar a Abraham para “ayudar” a que la promesa se cumpliera. Este plan humano trajo conflictos y consecuencias que afectaron generaciones.
Estos casos nos enseñan que, aunque algo parezca una buena idea, si no proviene de Dios, puede alejarnos de su propósito y generar más problemas de los que buscamos solucionar.
Muchas veces aprendemos a vivir según los estándares del mundo, solo que con un toque “cristiano” o “cristo céntrico”, dejando de lado los sueños que Dios ha depositado en nuestras vidas.
Dios es fiel a sus promesas, pero espera que demos pasos de fe. Abraham recibió la promesa de ser padre de muchas naciones, pero tuvo que salir de su tierra y confiar en Dios (Génesis 12:1-4).
Somos colaboradores en el propósito de Dios
Dios nos llama a colaborar con Él. Moisés lo hizo al guiar a su pueblo fuera de Egipto. Josué colaboró con Él para llevarlos a la tierra prometida. Ester intercedió para salvar a su pueblo de la destrucción. Jeremías colaboró con Dios al aceptar el llamado de ser profeta a las naciones del mundo y predicar arrepentimiento.
La lista de personas, tanto en la Biblia como fuera de ella (Yiye Ávila, C.S. Lewis, Tim Keller, Billy Graham), han usado sus dones y talentos para llevar al mundo las buenas nuevas de Jesucristo.
“ Pues ambos somos trabajadores de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios.
Por la gracia que Dios me dio, yo eché los cimientos como un experto en construcción. Ahora otros edifican encima; pero cualquiera que edifique sobre este fundamento tiene que tener mucho cuidado. Pues nadie puede poner un fundamento distinto del que ya tenemos, que es Jesucristo.”
Dios nos llama a actuar en Su reino, no solo a esperar pasivamente. A edificar en lo que ya tiene un fundamento y un propósito. Somos parte de un cuerpo y todo don y talento dado a cada una de nosotras tiene un propósito en el cuerpo de Cristo.
Si piensas que el don o talento que Dios te ha entregado es para tu bien, riquezas, o propósito propio, el hilo conductor de tus deseos es incorrecto.
“ Además, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.”
Dios obra en comunidad, colaboración y multiplicación, nunca en individualismo. A lo largo de la Biblia, vemos cómo Él involucra a otros en su propósito.
Si no fuera así, Jesús habría realizado todo su ministerio solo. Tenía el poder para hacerlo y no necesitaba de nadie, pero eligió colaborar con otros en su llamado. Formó discípulos para que fueran testigos de su obra en la tierra y continuarán expandiendo el Reino de Dios.
Si somos colaboradores del Reino de Dios, debemos comprender que Él no envía a nadie a una tarea para la que aún no está preparado, ni espiritual ni emocionalmente. Antes de entregarnos sus promesas, Dios trabaja en nuestro carácter.
Por ejemplo, si Dios te llama a escribir un libro, pero tu ego todavía no diferencia entre su gracia y tus propios méritos, primero moldeará tu corazón. No te dará algo que tu carácter aún no pueda sostener, porque su propósito es que su obra permanezca y dé fruto en el tiempo correcto.
La obediencia abre el camino para recibir la promesa de Dios
Si ya hiciste todo lo que estaba en tus manos y aún no ves cambios, entonces es momento de detenerte y tomar un tiempo con Dios. Pregúntale qué es lo que Él quiere que hagas, qué te falta aprender o hacer, qué es lo que todavía no estás viendo, si estás en el camino correcto o qué debes hacer en esta temporada mientras esperas su tiempo perfecto.
Es saludable que en medio de tu FE ACTIVA, puedas seguir pidiendo dirección.
Los padres de Sansón son un ejemplo de esto: “Así que Manoa preguntó:
Cuando se cumplan tus palabras, ¿cómo debemos criar al niño? ¿Cómo deberá portarse?” Jueces 13:12
La Biblia nos recuerda que, a su debido tiempo, cosecharemos si no nos damos por vencidos (Gálatas 6:9). Muchas veces, Dios está probando nuestro carácter y viendo si nos mantenemos firmes en medio de la prueba.
Dios siempre prioriza nuestra vida espiritual antes que cualquier otra área de nuestra vida. Su deseo es transformar nuestro corazón, carácter y relación con Él antes de llevarnos a cualquier otra bendición o propósito.
Cuando nuestra vida espiritual está en orden, todo lo demás en nuestra vida comienza a alinearse de manera natural, porque lo externo es simplemente un reflejo de lo interno, Mateo 6:33.
Cuando ponemos a Dios en el centro y dejamos que trabaje en nuestro interior, Él se encarga del resto.
Esperar en Dios no significa quedarnos inmóviles, sino actuar en todo lo que sí tenemos acceso y control de hacer. Debemos movernos activamente hacia lo que Dios nos ha prometido, trabajando integralmente en cada área de nuestra vida para estar preparados para la obra que Él nos ha encomendado.
Ya sea escribir un libro, llevar su mensaje a las naciones, hacer un pódcast, un canal de YouTube o desempeñar tu trabajo con excelencia, cada tarea es una oportunidad para predicar el evangelio con nuestras acciones y palabras.
Dios promete recompensar a los fieles, y si Él ha dicho que hay recompensa, entonces la hay. No está mal pedirle esa recompensa, porque Dios siempre cumple sus promesas Colosenses 3:23.
Preguntas de autorreflexión
- ¿Qué pasos de fe estoy tomando para avanzar hacia la promesa que Dios me ha dado, incluso cuando no veo resultados inmediatos?
- ¿Estoy confiando en que Dios me está guiando en cada etapa, o estoy intentando tomar control de mi propósito por mis propios medios?
- ¿Cómo estoy utilizando mis dones y talentos para colaborar con Dios en Su plan, o estoy enfocándome solo en mis propios intereses?
0 Comments