De mi verdad a Su verdad: el arte de poner límites internos

by | Jun 27, 2025 | Definiendo mis límites

Nuestro diálogo interno

¿Sabes qué es el discernimiento? ¿Te ha pasado que tienes discernimiento sobre alguien y estás confiada de que esa persona tiene una mala intención?

Yo viví esta experiencia muchas veces, sobre todo cuando estaba pasando por un cambio de crecimiento integral en Cristo.

Había una persona que todo el tiempo saboteaba lo que Dios hacía en mí y a través de mí. Me limitaba su forma de hablarme y tratarme. Ella me repetía mil veces lo que fue mi vida.

Hace un tiempo el Espíritu Santo me ayudó a confrontarla y sacar todo lo oculto —que ella usaba para entristecerme— a la luz.

A veces, ella intenta cuestionar lo que Dios está haciendo en mi vida. Pero ahora sé reconocer su voz cuando filtro sus palabras a la luz de la Biblia.


Entonces, puedo aclararle que lo que dice no está alineado con el propósito que Él tiene para mí. Aunque sé que siempre estará presente, he aprendido a ponerle límites. Esa “ella” es mi conciencia: esa voz interna que desafía los planes de Dios en mi vida y que debo someter, una y otra vez, a lo que Dios dice de mí.

En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.
—Efesios 4:23-24

Nuestra “verdad” y la verdad de Jesús

La raíz de muchas decisiones buenas o malas en nuestras vidas proviene de cómo nuestra conciencia analiza las cosas. Tomamos decisiones desde nuestra realidad o “verdad” experimentada.

Por eso es tan importante no depender de nuestra verdad, sino de la verdad que proviene del Padre, la cual es la verdad absoluta y la única que filtra todo en nuestras vidas y nos endereza el camino.

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
—Juan 14:6

La realidad es que no se trata de ser firmes con nuestros propios límites, sino de alinearnos con Dios para que Él renueve nuestras mentes y nos ayude a vivir en su verdad.

Nuestra verdad nos dice que debemos fallarnos para recibir amor del prójimo, la verdad del Padre nos dice que Él ya nos amó primero. Nuestra verdad nos dice que seremos rechazadas si decimos que no, la verdad del Padre nos dice que seremos automáticamente odiadas por causa de seguirlo a Él, porque a Él lo rechazaron primero.

La verdad del Padre no cambia porque queramos que cambie. Me acuerdo de mi primer mes de cristiana, cuando mis compañeras de clase se enteraron de que me había convertido. Lo primero que me dijeron fue:

 “¿Entonces tú odias a los gay?”

 “Tú estás muy joven para ser cristiana.”

Yo todavía no estaba alineada a la verdad de Dios y entraron muchas dudas en mi mente en ese preciso momento. Hasta que hablé con una persona madura en la fe y me ayudó a entender de dónde venían esas dudas.

 

El filtro de los límites propios

La razón por la que hablo de la verdad que viene de Dios es porque, cuando entendemos cómo Jesús tenía tanta autoridad para enfrentar a los fariseos y cómo Él no tenía miedo a nada, y aun así era amable con los que genuinamente querían crecer, nos damos cuenta de que debemos seguir su ejemplo.

Me doy cuenta de que nosotras, como mujeres que correctamente le servimos a Dios, tenemos que lidiar con lo mismo.

En este camino del crecimiento integral en Cristo, estamos literalmente tomando las huellas que Cristo dejó y caminando en ellas para poder ser como Él.

Cuando entendemos por qué Él habló, pensó y actuó de la manera que la Biblia lo describe, podemos darnos cuenta de que sus acciones no eran sorprendentes ni cuestionables, sino que la costumbre —la “verdad” humana (que es la identidad pecaminosa)— nos enseña a vivir de una manera egoísta o que se autodesprecia y se autodestruye.

Dios nos enseña a vivir de una manera que podamos amar al prójimo como a nosotras mismas, y eso lleva a un balance de vida que solo se trabaja internamente.

 

El diálogo interno que te genera temor

“Pero cuando tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad. Y si la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa es esa oscuridad!”
—Mateo 6:23 NTV

Nos da lo mismo ponernos límites porque, si nos fallamos, nadie se entera… Eso es lo que pensamos, pero nuestra conciencia sí se entera y guarda un récord muy extenso de las veces que te fallaste, generando en ti temor de tomar decisiones grandes o que puedan tener impactos significativos, porque “ya hace un tiempo dijiste que lo harías y no lo hiciste”.

Este miedo se disfraza con procrastinación o con el famoso “no estoy lista”, dejándote satisfecha por el momento porque has encontrado una excusa para no crecer.

Debes aprender a volver a confiar en ti misma —en lo que Dios puso en ti— con pequeñas acciones que te den confianza de que puedes hacer más.

Yo aprendí a ganarme mi propia confianza cuando me decía: “No puedo ir a esta actividad porque debo escribir el blog” (algo que procrastiné y dije que no estaba lista para empezar por años). Me cumplí, y con el tiempo otra promesa pequeña me cumplí, y así sucesivamente hasta poder llegar a confiar en mí misma.

 

¿Qué tiene que ver la confianza con los límites internos?


Como te diste cuenta arriba, cada promesa que me hacía dependía mucho de que la cumpliera, y eso me hizo crecer en confianza a tal nivel que se me hace muy difícil fallarme. Soy más breve al momento de proteger mi entorno y no digo “sí” a todo, a menos que sea una emergencia.

Ya no tengo tantos malestares emocionales, ya que todavía estoy aprendiendo, y me siento feliz cuando digo: “Voy a ahorrar $100 esta semana” y me cumplo, como si fuera con alguien que valoro mucho (¡porque debemos valorarnos a nosotras mismas también!).

Cuando trabajamos los límites internos aprendemos a expresarlos externamente, y esto nos permite filtrar a las personas que se nos acercan.

Si no entiendes cómo no ponerte límites afecta tu confianza, identidad y emociones, entonces tu cambio y la actividad de esta semana no perdurarán. Nuestras acciones, pensamientos y decisiones nos afectan primero a nosotras mismas y después a los demás.

Actividad:
Esta semana elige una promesa pequeña contigo misma (ejemplo: orar 10 minutos al despertar, ahorrar $100, leer un capítulo de la Biblia antes de dormir). Escríbela en un papel y cúmplela como si fuera un compromiso con alguien a quien amas profundamente.
Al final de la semana, revisa cómo te sentiste al cumplirte a ti misma y cómo eso fortaleció tu confianza en poner límites.

Preguntas de autorreflexión

  • ¿Qué frases de mi diálogo interno reconozco que no vienen de Dios y necesito filtrar con Su Palabra?
  • ¿Cuántas veces me he fallado a mí misma por no ponerme límites internos? ¿Qué efecto ha tenido en mi confianza?
  • ¿Cómo puedo pasar de vivir según “mi verdad” a vivir alineada con Su verdad en mis decisiones diarias?

     

¡Nos vemos en la próxima!

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